CARTA A PILAR
| Sociedad y Cultura |
Querida Pilar,
Vida mía, no es la primera carta que te escribo pero quizás ésta sea la más difícil. Sabes que soy un sentimental y si no lo hago me quedará siempre el remordimiento de no haberlo hecho.
El Señor ha querido llevarte con Él en la noche del domingo 25 de abril al lunes 26 y te ha separado de nosotros.
Hace un año, en el Hospital de Cabra, tras varios días de pruebas, la doctora Lola Navarro, una persona que suple su estatura con su fuerte resolución y profesionalidad, así como su resuelto carácter, nos dijo que tenías un cáncer de colon con metástasis hepáticas. En tu nombre quiero agradecerle su trato, a ella y al cirujano, el doctor Granados. A Tati y Rosmery en representación de todos los enfermeros/as.
Por mejorar lo inmejorable, aunque no es nuestro caso, pasando por alto los problemas de aparcamiento, decir que es inhumano cómo funciona el hospital en cuanto al servicio de reanimación. La espera de los familiares después de operar a un ser querido, sin un horario concreto de visita ni de información médica, puede llegar a ser angustiosa.
¿Qué decir del Servicio de Oncología Médica?, que se ubica en el antiguo Hospital Provincial. El doctor Jerónimo Jiménez, que suple su juventud con su forma metódica y resuelta de trabajar, que contesta con interminable paciencia las innumerables preguntas y repreguntas que se vienen a la mente de enfermos y familiares, con cariño, claridad y esperanza, siempre con esperanza. En una ocasión nos dijo que los problemas surgen cuando no se pregunta “porque entonces no se enteran”. Gracias Jerónimo.
Igualmente no olvidaremos nunca los nombres de los doctores Barneto, De la Haba, Rubio, Muñoz, etc. Así como de todas y cada una de las enfermeras. De Andrés, el celador de la toma de muestras de sangre, gracias a todos. El trato que dais a los enfermos y familiares debería ser un ejemplo a seguir en muchos organismos públicos.
Ese equipo humano y esos enfermos de esta terrible enfermedad no se merecen las pésimas instalaciones que tienen en la actualidad. Empecemos con la toma de muestras: Entre las 8 y las 9 de la mañana se aculan los mucho enfermos y ex enfermos para sacarse sangre. La cola es tremenda y aunque se entregan números, se debería citar a una hora los urgentes que son los que están recibiendo tratamiento en el mismo día y otra, más tarde, los que vienen a revisión.
De allí te diriges al módulo F de la planta baja del hospital Provincial, donde una ancha galería es iluminada por un techo de plafones que no se ha limpiado desde que se puso. Aquello no es feo, pero resulta tétrico que para unos enfermos que precisan de la mayor fuerza, no se les dedique al menos un aspecto límpido y aseado, algún cuadro, alguna maceta. En eso gana de largo el Hospital de Cabra.
En el módulo F, tras la puerta, apartados de la vista, como si fuésemos los leprosos del mundo moderno, se abre un salón con sillones y revistas, donde están las puertas de las consultas de nuestros oncólogos. Por desgracia, se queda pequeño para el número de enfermos que hay.
En contra de lo que pueda parecer, allí no se ven llantos ni sollozos, sino que ven revistas y charla como en cualquier peluquería. Y como en el imperio de Felipe II, tampoco se pone el sol, porque alguien se ha guardado mucho de que no haya ninguna ventana, ni tan siquiera dentro de las consultas, aunque la pared de la parte exterior del edificio, la sensación de “leprosos” apartados de la vista de la gente, no se palpa porque la angustia de la enfermedad no da para pensar en esas cosas.
Pésimo es que el servicio administrativo tenga una sola persona, que además no parece estar muy ducha en el manejo informático. Allí te puedes tirar mínimo una hora para cualquier gestión.
Pésimo es el interminable rato que puedas estar para que te toque en la consulta, en la que no hay horario concreto ya que el médico va llamando conforme le llegan los resultados de las analíticas y siempre procurando pasar antes a las personas que tienen tratamientos más largos, tu estuviste una vez casi 5 horas conectada a los sueros.
De allí se pasa a la diminuta sala de espera del Hospital de Día, donde se administra la quimio. Dentro hay unos treinta sillones para los tratamientos, número de todo punto insuficiente para el número de enfermos, lo que hace otra espera tan larga como la de las consultas. Nosotros no hemos estado un solo día y en un año han sido muchos, que no hayamos estado desde las 8 hasta las 3 de la tarde como mínimo. Algunos hasta las 7 de la tarde. Eso es inhumano y debe cambiarse.
En la Seguridad Social de los cambios de sexo y de los abortos a niñas de 16 años, debe haber también recursos que cambien esto.
Por otro lado, decir que los tratamientos, como Seloda y Avastín son lo último y más eficaz y caros que existe hoy en día en todo el mundo. Ni en Huston ni en Navarra ni en ninguna parte encontramos otra cosa que pudiera curar el cáncer de colon. El coste medio por enfermo sólo de estos medicamentos ronda los 300.000 euros. Tú te negaste a que nos arruináramos y te separásemos de tus seres queridos, de tu vida cotidiana, esa es la mejor medicina. Países como Reino Unido no administran Avastín a sus enfermos, por su alto costo.
¿Qué decir del departamento de Cirugía Hepato- Biliar del Hospital Universario Reina Sofía? El doctor Briceño y su equipo, los doctores Luna, López Sillero, Gómez, Luque, Navarro, María José, etc. Son grandes profesionales y mejores personas, al nivel de los mejores de nuestro país, que es tanto como decir del mundo entero. Vaya por delante el mérito del Hospital en los trasplantes de hígado, trasplantes que lo hacen personas con nombre y apellido, estas personas. Gracias de corazón a todos.
¿Y el personal de enfermería del módulo B de la 5ª planta? Luisa, Encarna, Geno, Carlos, Cloty y otros que no puede recordar su nombre, en su forma de tratar y atender a los enfermos se ve aquello de “haz el bien sin mirar a quién”. Probablemente harán cada día por los enfermos y familiares cosas, que por su trabajo, no podrán hacer pos sus propios familiares. Gracias de corazón.
Por mejorar lo inmejorable, decir que el timbre del teléfono de las habitaciones es excesivamente fuerte en un lugar, donde todos los enfermos tienen dolencias verdaderamente graves, donde se cuidan a los trasplantados. Ni tan siquiera deja de sonar cuando se le quita el cable. Igualmente hay que hacer una llamada de atención a las visitas. No estamos educados para visitar enfermos que comparten habitación con otros enfermos con dolencias muy graves. El ruido, el trajín, el olor a tabaco o a café de la ropa, todo eso puede ser suplicio para ellos.
Quizás debería haber continuamente un médico de guardia en la planta y no hacer subir uno del muy saturado servicio de urgencias. Igualmente sería buena la presencia de un nutricionista y de un internista en el equipo de la planta que, junto a los cirujanos, llevaran el postoperatorio de los enfermos, lo mismo la ayuda psicológica.
Nuestro Hospital es un orgullo para todo cordobés de bien, a nivel personal y de medios del mejor que pueda imaginarse, pero es triste que la Junta de Andalucía, que se retroalimenta con costosos autobuses sobre la ruta del califato y el reciclado de basura no destine dinero a arreglar un tejado lleno de goteras cubiertas con plásticos sujetos con palés y bidones, debajo del cual se mete a los cordobeses y cordobesas cuando sufren un infarto o cualquier otra calamidad que precise del servicio de urgencias.
Otro problema grave del hospital es de los accesos y el aparcamiento, con obras interminables que no tienen fin.
Querida Pilar, el cáncer te ha apartado de nuestro lado, tu madre está rota, y tus hijos, tus hermanos, los sobrinos y yo también. Hemos tenido la fortuna de verte irte sin sufrir y con eso damos por bien empleadas todas nuestras plegarias. Te quiero y te querré siempre. Has sido un ejemplo de lucha y optimismo para todos y quizás por eso, en cierto modo, también estamos alegres. Tú no morirás nunca mientras nosotros vivamos porque no te olvidaremos. Te quiero.
Juan Mariano Fernández
